Es habitual que muchos independentistas catalanes utilicen el término “nacionalismo español” contra los que se oponen a la independencia de Cataluña. Casi siempre con un sentido peyorativo, para invalidar cualquier argumento posterior.

Lo que yo solía hacer era rechazar la acusación, como si también intuyera que hay algo de malo en eso del nacionalismo español. Aborrecía en lo que se había convertido el nacionalismo catalán, que ha pasado de ser acogedor a excluyente. Pero igualmente España me parecía un país casposo, aburrido y  atrasado. Hasta que viajé fuera.

Después de recorrer buena parte de Europa y haber vivido en Francia e Inglaterra, me he convertido en un nacionalista español. Y tiene gracia, porque normalmente la receta que mandan los independentistas a los españolistas es viajar, y yo he viajado. Admiro muchas cosas de otros países de europeos, pero también ahora aprecio lo que ha logrado España.

¿Por qué me he vuelto un españolista? Porque creo que España es un gran país, sin ser perfecto ni el mejor (¿cuál lo es?). Cuando estás fuera descubres que no todo es tan moderno, ni tan limpio, ni tan ejemplar.

Empecé a ser consciente de ello en Francia, en el 2009, durante mi Erasmus universitario en París. Yo en España estaba acostumbrado a hacer muchos trámites por internet. Las notas de la universidad, gestiones con la administración… En cambio, al llegar a París, de repente todo tenía que hacerlo por teléfono o rellenando multitud de formularios en papel. Tuve un pequeño ‘shock’ cuando me dijeron que las notas de los exámenes de mi universidad francesa se publicaban en un tablón de anuncios, en papel. También cuando vi a una mujer pagar 20 euros con un talón, en el supermercado. Un señor francés, de unos 70 años, me dijo que en los años 60 viajó a España y parecía el tercer mundo. Y que es impresionante cómo se había desarrollado tan rápido para ser ahora un país al nivel del resto de Europa.

En Inglaterra curiosamente descubrí la pobreza, en medio de la riqueza y la modernidad. En Londres puedes ver mansiones enormes y dos calles más allá edificios de una pobreza extrema. Locales y calles tan abandonados que por momentos piensas que te encuentras en un suburbio de Casablanca. Y jóvenes durmiendo en la calle al lado de ejecutivos trajeados que vomitan una borrachera. ¿La BBC una referencia en todo? Que la sintonicen por la tarde, cuando emiten el culebrón de EastEnders.

Viajando y mirando más allá de los monumentos turísticos descubres que el paraíso del norte no lo es tal. No todo es perfecto. Y un país no es mejor ni peor. Hay cosas buenas -muchas- de las que aprender y cosas malas -no pocas- con las que descubres que tu propio país no es tan malo.

Por eso creo en España y soy españolista. Porque después de cinco años en el extranjero me he dado cuenta de que es un gran país donde vivir. Como nación, la historia de España es apasionante, llena de aventuras como un Quijote y compartimos un idioma riquísimo en acentos y sensibilidades. Con una gran pasión por la cultura además (qué buenas editoriales tenemos, y qué gusto que se estrene cine europeo en las salas, o contar con plataformas online como Filmin).

Pero además, España es mágica por su diversidad, de la que Cataluña forma parte. Es increíble que un asturiano y un andaluz formen parte de un mismo país. Un gallego y un catalán. Un extremeño y un riojano. Y viajas por sus ciudades: Madrid, Barcelona, Sevilla, Córdoba, Trujillo… ¡Qué monumentos! No sorprende que sea el tercer país con mayor numero de sitios declarados patrimonio de la humanidad por la UNESCO (por detrás de Italia y China). Y qué maravilloso que en él se hablen otros idiomas, como el catalán, el vasco o el gallego. Que hay que proteger y formentar, porque son parte del tesoro nacional, hasta el punto que todos los españoles deberían conocerlos.

Hay paro, hay corrupción y mucho por hacer. Pero por suerte, no hemos caído en un chovinismo bobo. Somos críticos, tremendamente críticos con nosotros mismos, como nadie lo es con su país. Tanto es así, que la palabra España todavía provoca sarpullidos en una parte de la sociedad (la sombra de Franco es muy alargada). Pero precisamente ese inconformismo y sentimiento de inferioridad nos hará avanzar.

Para los españolistas sería además terrible que los catalanes decidieran democráticamente independizarse. Por algo elemental: porque España sin Cataluña ya no es España. Cataluña (como integrante de Reino de Aragón) y Castilla (el Reino de Castilla) son el núcleo de la España actual. Tanto monta una como la otra. Si después de 500 años de unión se separan, quizás entonces España debería de dejar de llamarse así.

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2 comentarios

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  1. hola, me defino a mi mismo como nacionalista vasco. ¿Por que? Pues no lo se, posiblemente la época franquista que me tocó vivir en mi niñez, con imágenes que permanecen imborrables en mi mente tenga mucho que ver. Aunque por encima de todo, supongo que es por el amor que proceso a mi tierra, su cultura y su lengua. Ah! Y yo también he viajado mucho, he visto de todo, pero mi percepción política no ha cambiado por ello. Por otra parte, llevo toda mi vida escuchando eso de “nacionalista” en sentido peyorativo. Lo reconozco, lo soy, al igual que los españolistas lo sois. Sin embargo, yo no considero que una opción sea la buena y otra la mala, ambas son legítimas. Para terminar, ¿Que es un gran país? ¿Un país limpio? ¿Moderno?¿O un país que pregunta sin miedo a su gente como quiere vivir? que incluso no teme cambios territoriales, o de cualquier tipo si así se requieren? En ese sentido, Canadá es un gran país, Gran bretaña es una gran nación ¿España? Lo dudo
    Ante todo, felicidades por tu página, me parece muy útil. Un saludo

    1. Hola.

      Te agradezco tu comentario. Respeto (y entiendo) completamente tu sentimiento nacionalista vasco. Un nacionalismo inclusivo y que no mire con superioridad no es necesariamente malo. Al revés, puede ayudar a la conservación de una cultura que, en última instancia, enriquece el mundo en el que vivimos. Evita una aburrida homogeneización. También creo que varios sentimientos nacionalistas pueden convivir en una misma persona. La riqueza de España está precisamente en su diversidad. Por eso es bueno que un nacionalismo español sepa integrar dentro de sí otros nacionalismos. Hacer lo contrario, reprimir esos otros nacionalismos, yo diría incluso que es antiespañol.

      En todo caso, la intención de este post era transmitir una idea positiva del “nacionalismo español”. En el sentido de que España puede ser un proyecto bonito y colorido, que debe ir más allá del aberrante españolismo franquista. Y que España nace precisamente con la unión de los territorios que actualmente la componen. Por lo que si una de sus partes abandona, España dejará de ser España (no pasa nada, pero será otra cosa, otro país distinto).

      Por último, a esta idea del nacionalismo le he seguido dando vueltas. Y he ido replanteándome algunas cosas que pueden incluso contradecir puntos de este post. Pero eso ya lo dejo para otro.

      Un saludo y muchas gracias por un comentario tan enriquecedor y respetuoso.